Hijos como Rizoma: El Desafío Más Complejo

Desarrollar el pensamiento crítico es fundamental. Nos ofrece crecimiento y nos acerca a ese estado de bienestar que tanto vengo describiendo. Pero el pensamiento lleva inevitablemente al concepto de rizoma: ¿cómo transmitimos estos conceptos? ¿Cómo transmitimos esa chispa de crecimiento y evolución a otros?

Cuando pienso en el blog o en algunas conversaciones con amigos, noto un primer paso hacia este rizoma. Pero hay un rizoma aún más potente, aún más difícil, aún más importante: los hijos.

El Potencial Explosivo (y el Desafío Enorme)

¿Por qué los hijos son el rizoma más complejo? Una mente joven por su naturaleza absorbe, moldea y evoluciona ideas y pensamientos con una velocidad y claridad notable. Si es bien guiada y alimentada puede desencadenar revoluciones o evoluciones importantes. El potencial es explosivo.

Pero aquí está el desafío: ¿tiene realmente sentido limitarse a enseñar, educar en el sentido clásico del término? Con el cansancio como factor, a menudo nos limitamos a lo obvio. Quizás mejor que nuestros padres, pero sin ir en profundidad, a pesar del esfuerzo que esto implica.

A veces se defiende la vieja educación, pero esa, como han dicho muchos educadores, era incorrecta. Cuando creemos que era mejor en aquella época no tenemos la capacidad de contextualizar y observar el panorama general. Ciertamente, el contexto actual, especialmente económico y social, nos pone en dificultad y cometemos errores. Pero piénsenlo: son errores a menudo con conciencia, si no incluso metaconciencia. Queremos intentar remediarlos, queremos hacer de necesidad virtud. Y esto demuestra mucho de cómo intentamos romper el vínculo con el pasado y enfoques que no son, objetivamente, válidos.

Verticalizar: Cada Hijo Es un Mundo

El rizoma con los hijos pasa por verticalizar. Porque son diferentes entre sí. Pueden tener neurodivergencias, AuTDAH, TDAH u otras condiciones. Pero incluso sin neurodivergencia, pueden tener inteligencia o emotividad diferentes. Ser genéricos no ayuda y paradójicamente causa aún más esfuerzo.

Entenderlos, comprenderlos. Lograr hacer esa mezcla donde puedan reconocernos como autoridad, no autoritarios. Como personas con quienes dialogar y co-crear soluciones. Esto puede marcar la diferencia.

Llegar a este objetivo parte de la observación, de la empatía, del silencio y la escucha.

Cuando hacen berrinches, la verticalización funciona. Con un hijo funciona la gamificación, convertir todo en juego. Con el otro se necesita una estrategia diferente, casi la que uso con ciertos clientes: entender la motivación profunda detrás del comportamiento, no quedarse en la superficie.

Los Errores Que He Cometido

Debo ser honesto. He cometido errores. Comprendí algunos aspectos tarde y el remordimiento está dentro de mí.

A veces, cuando estaba tanto cansado como estresado, cedí. Les hice ver demasiadas caricaturas, demasiados videos de YouTube, en lugar de dedicarme a ellos. Que quede claro: pueden ver un poco, pero no demasiado. Es pasivo y en mi opinión dañino. Mejor el gaming, por no hablar de la lectura. Yo haciéndoles ver demasiados videos me equivoqué. Culpa en primer lugar del estrés, es comprensible, pero me equivoqué yo. Punto.

Otras veces no leyendo suficiente con ellos. O enfadándome cuando el cansancio prevalecía. Ahora he comprendido estos mecanismos, pero a veces todavía prevalecieron. He aprendido de estos errores.

La línea del tiempo avanza. Miro al pasado para comprender el presente y hacer mejor el futuro. Es factible también y sobre todo porque el tiempo perceptivo es nuestro.

Las Pequeñas Cosas Que Hacen la Diferencia

Entonces, ¿qué funciona realmente? Las pequeñas cosas. No forzadas, sino naturales e inmersas en nuestro ciclo vital.

Saber decir que no. Resistir la tentación, especialmente cuando estamos cansados, de soluciones fáciles. Hablar con ellos en lugar de regañar. Usar la táctica del silencio: no reaccionar con palabras o rabia cuando se enfadan. Esperar. Observar.

Caminar con ellos. No necesariamente en lugares amenos y forzados, sino en la rutina diaria normal. Salimos dos minutos antes de casa y caminamos. Hagámoslo una rutina. Conversamos con ellos durante el trayecto.

¿Se confían sobre problemas con amigos? Contextualizamos, entendemos, y no necesariamente damos una solución. Intentamos co-crear el diálogo. Les damos el poder del humor y el sarcasmo cuando es apropiado. Usamos el silencio y palabras complejas, haciéndoles entender el poder de esto.

Absorben de maneras que ni siquiera imaginamos. Al principio parece no funcionar, pero a largo plazo los resultados se ven. Con un esquema ganar-ganar-ganar: ellos, nosotros y la sociedad.

Admitir los Errores con Ellos

Hay otro punto clave: saber admitir los errores y hablar de ellos con los hijos.

Me importa esto porque leyendo esto alguien podría pensar «Óptimo padre, mira qué bien». Pero no es así. He cometido errores, los sigo cometiendo. El remordimiento está ahí.

Pero el esfuerzo no es extremo. Es manejable. Y puede dar tanto después. Así un rizoma puede crecer y expandirse a plena potencia.

Si leen este post con la abstracción correcta, comprenderán cómo los pasos y ejemplos están ahí. Cómo ciertas cosas parten de una caminata y una conversación. Cómo pequeñas cosas, no forzadas sino naturales, marcan la diferencia.

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